lunes, 19 de noviembre de 2012
viernes, 16 de noviembre de 2012
La dictadura de la televisión en México
Teletiranía la dictadura de la televisión en México, está
basado en una exhaustiva investigación, critica con humor corrosivo. Los
contenidos y las conductas públicas de
los concesionarios de este medio que reclaman para sí el poder total. La crítica
incluye una clase política que atemoriza somete, y que hace posible que se
someta a los ciudadanos a la telecracia, ese imperio de lo banal que amablemente
se impone a través de la pantalla chica a una sociedad desinformada y
conformista.
Es un documental indispensable para entender el papel de
la televisión fallida transición a la democracia en México, que cuenta con las
calificadas opiniones del periodista Jenaro Villamil, los senadores Javier Corral y Manuel Barttlet y el magistrado del
tribunal electoral del D.F. Pedro Rivas
La arquitectura modernista en la ciudad de México
La Revolución mexicana fue un
vendaval que no sólo transformó las estructuras políticas y económicas de
México, sino también la forma en que se entendían el arte y su función social.
En este ensayo, examinaremos la arquitectura modernista en la ciudad de México,
vertiente del arte revolucionario que, como la pintura, la música y la
literatura, combinó elementos de vanguardia con el renovado nacionalismo
mexicano.
Introducción
Es de suma
importancia analizar el panorama arquitectónico de
la ciudad de México a principios del siglo XX. Las influencias del modernismo
en la gran urbe cambiaron radicalmente la perspectiva estética porfiriana, pero
¿a qué se debió esto?, y ¿qué movimientos incidieron en la arquitectura de esta
época? Éstos son algunos de los puntos a tratar en esta breve reseña.
Asimismo, dentro del trabajo se
explicarán los estilos que influyeron en la temprana arquitectura del siglo XX
en la ciudad de México y cómo sufrieron variaciones dentro de la estética
modernista mexicana. Se expondrá también cómo el modernismo se alió al
nacionalismo y cómo después este mismo estilo coadyuvó a la formación de la
concepción de arquitectura postmodernista influyendo en la
conciencia estética del capitalino.
¿Qué es el modernismo en la
arquitectura?
Sin duda, muchos han escuchado la
palabra alguna vez en sus vidas; los conocedores atribuirán este término a las
distintas variaciones que ha sufrido la arquitectura en la esfera artística a
través de la historia, por ejemplo: Art Nouveau y Coup
de Fouette(en Bélgica y Francia), Modern Style (en
Inglaterra y Estados Unidos), Sezession (en
Austria), Jugendstil (en Alemania y países nórdicos), Liberty o Floreale (en Italia), y Modernismo (en España y
Latinoamérica); la cuestión aquí sería: ¿Qué es el modernismo y cómo se refleja
en la arquitectura?
La respuesta no es fácil, ya que
encasillar al modernismo en un periodo fijo es imposible, pues se viene
gestando prácticamente desde el Renacimiento, ya que es ahí cuando las formas
tradicionales (artísticas y arquitectónicas) son cuestionadas por vez primera,
planteándose nuevos parámetros en las construcciones, yendo, a su vez, más allá
del ascetismo de muchas construcciones medievales y regresando a la
grandiosidad grecorromana.
Concretamente, el modernismo
arquitectónico empieza a gestarse después de la Ilustración, cuando la
monarquía francesa decide abandonar la pomposidad barroca y establecer la
sobriedad y mesura neoclásica como la predilecta para su gobierno. Aquí de
nuevo se ensalza a la civilización grecorromana, pero ahora también se buscan
los vestigios originales de ésta, emprendiendo grandes proyectos arqueológicos
para buscar la esencia de la arquitectura vitruviana en su proyección
original.
El panorama cambió drásticamente a la
caída del Ancien Régime en Francia. La Revolución francesa
negó absolutamente todo lo que tenía que ver con la monarquía, incluyendo a la
arquitectura. Aunque no se rompe drásticamente con el estilo Neoclásico, se
empiezan a cuestionar fuertemente los cánones vitruvianos de construcción y las
acepciones arquitectónicas clásicas: Utilitas, Firmitas y Venustas
(utilidad, solidez y belleza) son reemplazados por las de Ordonnance,
Distributión y Bienseance (orden, distribución y exactitud), estableciendo
un deliberado pragmatismo en la arquitectura.
El modernismo arquitectónico no sólo
tuvo sus orígenes en Francia, pues otro suceso importante también influyó en su
formación: la Revolución Industrial. Con el avance del sistema capitalista y
sus medios de producción, cada vez quedaba menos espacio para plantearse
cuestiones estéticas dentro de la arquitectura.
Una de las más importantes
aportaciones al modernismo (en la arquitectura) de la Revolución Industrial fue
el utilitarismo, impulsado por pensadores como Jeremy Bentham. Esta corriente
filosófica es la quintaesencia de la arquitectura moderna, ya que deja de
exigir un carácter estético, sólo cumpliendo con una función asignada,
«vulgarizándose»:
la vulgarización de la arquitectura y
su progresivo aislamiento de la sociedad llevó a que la disciplina volcase
sobre sí misma, de modo que nos enfrentamos a la paradójica situación de que
[…] los elementos arquitectónicos son reducidos a puros signos sintácticos que
no significaban nada más fuera de su propia función de estructura en su versión
más nostálgica…
Oficialmente, el modernismo, como
corriente artística, nace a finales del siglo XIX y vive varios procesos
catárticos por las coyunturas históricas entre las que se desarrolla, hasta que
es sustituido por el post-modernismo ya entrado el siglo XX.
Podemos distinguir dos procesos de
formación en la arquitectura modernista en México: el organicista y el
«geométrico».
El organicista es aquel que los
estudiosos del arte denominan Art Nouveau, o simplemente
modernismo. Las causas de la amplia y rápida difusión de este
movimiento en Europa hay que buscarlas en la renovación del ambiente cultural
que siguió a la industrialización, con el fortalecimiento económico y el nuevo
poder de la burguesía.
El punto básico de la estética
modernista organicista es el concepto de unidad entre exterior e interior,
coherencia estilística entre estructura, decoración y ornamentación; y en las
artes aplicadas, una nueva calidad y dignidad de los objetos de uso, en
oposición a la vulgaridad comercial provocada en la segunda mitad del siglo XIX
por una producción industrial masiva.
La característica más importante del
modernismo o Art Nouveau es la utilización de los nuevos
materiales industriales como ornamentos (vidrio, hierro, concreto, mosaico
producido en masa, etcétera) y su transformación a formas orgánicas, la mayoría
de las veces asemejando plantas o materia orgánica. Ejemplos de esta corriente
son: La Torre Eiffel, de Gustave Eiffel en París (1889), la casa Batlló de
Antoni Gaudí i Cornet en Barcelona (1907) y las espectaculares entradas al
metro de París de Héctor Guimard (primera década del siglo XX).
Este estilo en la arquitectura se
empezó a implementar en México bajo la dictadura de Porfirio Díaz, aunque no de
una manera «pura» ya que muchas veces quedó mezclada con otros estilos,
formando la compleja «arquitectura porfiriana». Algunas muestras de este estilo
se pueden encontrarse el día de hoy en la colonia Roma y Juárez de la ciudad de
México.
El otro estilo importante (y el que
más influyó en la arquitectura post-revolucionaria) fue el «geométrico» o el
que los estudiosos del arte identifican como Art Déco, como
una abreviación del término francés Arts Décoratifs. Este
estilo (también identificado como «Estilo años Veinte») es característico de la
post-guerra, ya que se establece después de la exposición internacional de 1925
en París, dedicada a las «artes aplicadas e industrias modernas».
Sus características son: su
predilección por la línea curva de trazo seco, los movimientos quebrados y/o
angulosos y las formas encuadradas y geométricas en la arquitectura. Son de
suma importancia, ya que van de la mano con el desarrollo de las corrientes
vanguardistas como el cubismo, el constructivismo y el futurismo.
La función principal de las
creaciones del modernismo «geométrico» era poder utilizarlas como si fueran
máquinas[13], sin que dejaran de ser hermosas,
al mismo tiempo. La idea era combinar el utilitarismo con la estética, así que
la función de las herramientas del hombre dejaban de ser sólo pragmáticas y
empezaron a ser también decorativas (de ahí el término Art Déco);
el revestimiento de los interiores de edificios con mosaicos, candelabros y
murales. Fue de vital importancia para el desarrollo de esta idea
decorativo-pragmática.
Otra cuestión importante fue la
utilización masiva del hierro que se producía como consecuencia de la Gran
Guerra para la construcción de edificios, lo que permitió erigir rascacielos de
manera más frecuente (el antecedente de éstos sin duda fue la Torre Eiffel),
esto afectó directamente a la concepción de la arquitectura, pues el hierro
sustituyó a la piedra como estructura relegándola a un uso de recubrimiento o
meramente estético.
El estilo de los años veinte no sólo
afecta la concepción arquitectónica de los edificios, sino también a la idea
del uso del suelo, ya que con la creación de condominios y edificios de
oficinas las personas dejaron de adquirir «suelo», en términos literales. Como
último punto vale la pena mencionar que el mayor desarrollo del estilo
modernista Art Déco se dio en los Estados Unidos, en ciudades
como Nueva York y Chicago.
El modernismo en México
Después de terminada la revolución,
los políticos buscaban acercarse a una ideología que los legitimara como clase
dominante. Regresar a los cánones porfiristas era inaceptable, ya que los
políticos trataban de alejarse del «antiguo régimen» (aunque sólo fuera en
apariencia).
Como consecuencia de la promulgación
de la Constitución de 1917 y los nuevos estatutos establecidos en los artículos
3º, 27º y 123º, que apuntaban hacia una política nacionalista, la clase
dominante tuvo que adaptar también su pensamiento. Esto no sólo se vio
reflejado en los discursos políticos de la época, sino también en el
acercamiento a nuevas potencias y corrientes filosóficas.
México dejó de depender
mayoritariamente de Europa y buscó acercarse más a los Estados Unidos. Además
de esto, corrientes como el marxismo empezaron a penetrar en la esfera
intelectual del país cambiando drásticamente algunos antiguos cinturones de
relaciones porfiristas. Como consecuencia, el arte también sufrió cambios, ya
que gracias a la política nacionalista ahora debió popularizarse, y al hacerlo,
retomó elementos unificadores que contribuirían a la creación de una historia
nacional. Como ejemplo tenemos el legado de las culturas prehispánicas.
Aunado a esto, México quería
presentarse ante el mundo como un país confiable que había superado sus luchas
intestinas y que tendía a superarse de manera democrática, siendo de suma
importancia para la vida económica del país, ya que sin la confianza y
reconocimiento de las potencias internacionales, México simplemente quedaba
aislado del mercado mundial, como bien expresa Lorenzo Meyer. Una de las
maneras para demostrar que México era un país nacionalista, pero a la vez
abierto al mundo, era adaptar su estética artística (como ya se mencionó) y
arquitectónica.
México retomó los estilos «de moda» y
los adaptó de una manera espectacular a su entorno. Entre estos estilos se
encontraban el Art Déco de la escuela de Chicago y en menor
medida el Art Nouveau franco-belga.
La pregunta aquí sería: ¿Retoma
México el Art Déco estadounidense con el afán de alejarse de
la influencia europea en la arquitectura porfiriana? Hay que ir por partes. El
modernismo en México es una variante que vale la pena analizar a fondo, pues es
una compleja conjunción entre las formas geométricas y futuristas del Art
Décoy las formas también geométricas de las grecas y deidades
prehispánicas. Esto se puede ver claramente en edificios gubernamentales o
importantes monumentos de la época, como el interior del Palacio de Bellas
Artes, El Monumento a la Revolución, la escuela primaria Benito Juárez, el
Edificio de Salubridad de Chapultepec (hoy en día detrás de los paraderos) y el
Edificio de la Lotería Nacional (sobre Paseo de la Reforma, atrás de la estatua
del caballito de Sebastián), el Edificio de Marina (actual Museo de Arte
Popular), el Frontón México y hasta el Teatro Metropólitan.
Valdría la pena describir un poco el
interior del Palacio de Bellas Artes, para dar al lector un panorama un poco
más amplio de la idea modernista en México. El palacio de Bellas Artes, cuyo
diseño original creó Adamo Boari, iba a ser una de las obras más emblemáticas
de la arquitectura porfiriana. Su construcción comienza en 1904 y no es
terminada debido al estallido de la revolución; el proyecto es retomado por
Federico Mariscal, quien lo concluye en 1934. Como mencionamos, es precisamente
en estos años que la política nacionalista fluye por las venas de los
mexicanos. El proyecto de Mariscal cambió terminantemente la forma de lo que
iba a ser el Teatro Nacional, cuyo estilo original sería el Art
Nouveau, imprimiéndole cambios sustanciales de la estética decorativa
de la época.
El visitante del palacio de Bellas
Artes se dará cuenta inmediatamente de que el panorama cambia rotundamente al
acceder. La delicada figura de mármol blanco que se proyecta desde afuera se
convierte en un pesado vestíbulo de mármol negro y rojo, asemejándose al Lobby de
un rascacielos en el corazón de Manhattan. El observador cuidadoso se dará
cuenta que la ornamentación del Palacio de Bellas Artes es muy poco común.
A la entrada de las escaleras de
mármol que nos conducen al escenario o a la segunda planta del edificio
encontramos dos fuentes de hierro de estética Art Déco, asemejando
chorros de agua cayendo al suelo, pero al voltear hacia arriba, nos
encontraremos con algo más impresionante aún: mascarones del dios Chaac maya
con la nariz hacia abajo y mascarones del dios Tláloc, en su representación
teotihuacana, también en hierro.
El palacio de Bellas Artes, a pesar
de su pesado aspecto, trata de simbolizar una oda a la fertilidad, el
renacimiento del México post-revolucionario cercano a sus raíces y más
productivo que nunca. Cabe destacar también la perfección del trazo geométrico
del Palacio de Bellas Artes y la austeridad de su interior, que de alguna
manera entra en conflicto con el exterior tapizado por elementos florales y
esculturas, sin mencionar a los animales utilizados como cariátides.
Otro elemento importante del
modernismo mexicano dentro de esta estructura son los murales que revisten sus
paredes. Aquí claramente se puede apreciar el carácter populista-nacionalista
del arte mexicano de la época debido a su estética que rescata a aquellos que
no se sometieron a los cánones dictados por los gobiernos opresores y la
representación de la superación humana mediante la tecnología, como en el mural El
hombre controlador del Universo de Diego Rivera. Además, vemos el
aprovechamiento decorativo del edificio al más típico estilo modernista, o
pragmatismo más belleza, y en el caso mexicano, podríamos agregarle
nacionalismo a la ecuación.
Sin embargo, el modernismo en México
no se limitó a la construcción de edificios gubernamentales y públicos. Dos
sucesos importantes al que se enfrenta la ciudad en estos años son, sin duda,
la migración y el crecimiento de los suburbios –cabe mencionar que empiezan con
Cárdenas y aún hoy están vigentes–, por eso, el modernismo reflejado en la
arquitectura urbanística es muy especial. Se puede ubicar claramente en las
colonias Juárez, Condesa, Centro, Churubusco, Roma sur, Nápoles, Romero Rubio,
Guerrero (en su parte norte), Santa María la Ribera (en su parte norte también)
y Tlalpan.
Lo interesante es que las nuevas
colonias empiezan a ubicarse atrás de lo que habían sido las zonas acomodadas
del Porfiriato, pero también se crean nuevas colonias atrás de los importantes
ríos que cruzaban la ciudad, que debido a la redistribución urbana y al boom petrolero (lo
cual conlleva a su vez a un boom en la utilización de máquinas
movidas por derivados del petróleo, entre ellas el automóvil) debieron ser
canalizados para crear en su lugar viaductos que ahora dividirían a la ciudad
en un segundo plano.
El modernismo aplicado a las casas
habitación no fue muy diferente al de los edificios gubernamentales. Se siguió
la línea nacionalista adornando edificios con grecas o águilas, haciendo
alusión al pasado prehispánico. Pero esta arquitectura no estuvo limitada al
modernismo nacionalista, también rescató elementos del futurismo de la escuela
de Chicago imprimiéndole formas geométricas cortantes a las fachadas, a veces
agregándole cariátides o elementos flamencos a las construcciones (el edificio
Río de Janeiro de la calle Orizaba es un claro ejemplo).
Otro elemento importante fue la
introducción del condominio a la lógica arquitectónica de la ciudad. Como
mencionamos anteriormente, el fin de la arquitectura modernista era de carácter
utilitarista, así que entre mejor se aprovechara el espacio de construcción más
efectiva resultaba la edificación. Aunque los primeros condominios fueron
construidos durante los sexenios de Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán,
aunque la idea se manejó desde el sexenio de Lázaro Cárdenas.
La creación de condominios embonó muy
bien con la política pseudosocialista mexicana. Curiosamente, los
primeros condominios –ubicados en Paseo de la Reforma esquina con la calle de
Varsovia– fueron concebidos como residencias de lujo y no fue sino hasta el
proyecto del Centro Urbano Presidente Alemán (sobre la avenida Félix Cuevas, al
sur de la ciudad) que el concepto de «condominio» se popularizó.
Con éste también nació una nueva
concepción de la propiedad privada, ya que ahora el citadino deja de ser «dueño
de tierra» y pasa a convertirse «dueño de aire», el espacio entre su vecino de
arriba y el de abajo. Asimismo, la plusvalía de la tierra aumentó en más de un
cien por ciento, ya que su precio no sólo se empezó a medir por metros
cuadrados, sino también por metros de altura. Esto se puede ver claramente en
el edificio Basurto en la Condesa o en el edificio Sears, en la avenida Juárez,
frente al palacio de Bellas Artes. Así, los primeros condominios fueron
construidos por iniciativa privada, bajo la supervisión de Mario Alberto Pani,
importante arquitecto de la década de los cuarenta y cincuenta.
Conclusiones
La arquitectura modernista es de suma
importancia para la concepción de la ciudad de México en la época
contemporánea. Sus obras hablan por sí solas, como muchas construcciones y
objetos en la gran urbe; el modernismo de la capital es ecléctico, tendiendo a
una corriente que se podría describir como nacionalismo futurista.
Finalmente, el modernismo era la
salida del estancamiento, no sólo en México, sino en otros países
industrializados de América Latina. En México, esta corriente no sólo se
presentó como un voltear a ver a Estados Unidos huyendo del oscuro pasado de la
dictadura y su influencia europea, sino también como un voltear al mundo desde un
país democrático consolidado, a la vanguardia y listo para el devenir.
Con la introducción de la
arquitectura modernista se crean nuevos conceptos en la propiedad privada,
conceptos que parecen estar más vigentes que nunca en la actualidad. Esta es la
época en la que arquitectos de renombre, como Mario Alberto Pani Darqui,
revolucionan la arquitectura y su utilidad retomando la concepción de lamachine à habiter del
arquitecto francés «Le Corbusier», en la cual el edificio cumplía
una función específica, es decir, era como una máquina, una extensión funcional
del ser humano.
Además, es precisamente en esta época
en la que se llevan a cabo otros procesos que influyeron de manera contundente
en la lógica urbana de la ciudad de México, como: el crecimiento demográfico
debido a la industrialización, y como consecuencia, la disección del lago de
Texcoco que cubrió gran parte del territorio de la capital hasta mediados del
siglo XX.
Esto cambió dramáticamente el
panorama del valle del Anáhuac, cuya consecuencia fue la complicada ecuación
urbana –que sigue siendo la actual– en la ciudad de México, pues surgieron
nuevas colonias y antiguos pueblos entraron en la demarcación del Distrito
Federal (basta recordar el pueblo se Mixcoac o San Ángel, hasta el mismo pueblo
de San Juan de Aragón). Asimismo, las formas de transporte evolucionaron y las
distancias se acortaron gracias a los nuevos viaductos.
Cabría destacar que, según puede
observarse en los diversos planos de la ciudad, el movimiento modernista fue el
último que se llevó a cabo bajo un orden urbano; tal vez exceptuando el intento
descentralizador de ciudad Satélite y la creación de las unidades habitacionales
John F. Kennedy (hoy Unidades Aragón, secciones 1, 2, 3, 4, 5 y 6), la
ciudad no tuvo otro proyecto de desarrollo urbano tan elaborado.
Resulta interesante que actualmente
se estén llevando a cabo proyectos urbanísticos importantes en zonas exclusivas
de la ciudad (Santa Fe, por ejemplo), en los cuales la traza urbana empieza a
funcionar de nuevo de manera pragmática, no sólo al disponer con edificios
inteligentes, sino también contando con todos los servicios dentro de la zona,
pero hasta donde se ha podido observar, no hay un proyecto de descentralización
y ubicación coherente de las viviendas, sobre todo refiriendo a las colonias
populares.
Por último, se exhorta a que
continúen los trabajos de arquitectura y urbanística de la ciudad de México, ya
que es sumamente complicado y, a su vez, interesante describir y analizar todo
el patrimonio arquitectónico con que cuenta, desde la traza urbana colonial
hasta los actuales proyectos arquitectónicos de lujo.
jueves, 1 de noviembre de 2012
Mexico
Introducción
La cultura de México es en realidad un crisol de culturas. En lo que se ha dado en llamar lo mexicano influyen elementos culturales de las más diversas índoles: ya sean los modernos, los antiguos, los reciclados. La forma de vida en México incluye muchos aspectos de los pueblos prehispánicos y del período colonial. Otros aspectos importantes de su cultura, son los valores, la unidad familiar, el respeto, el trabajo duro y la solidaridad de la comunidad. México ha cambiado rápidamente durante el siglo XIX En varias formas, la vida contemporánea en las ciudades, ha llegado a ser muy similar a la de las ciudades en los Estados Unidos y Europa. Sin embargo, la mayoría de los pueblos mexicanos siguen la forma de vida de sus antepasados. Más del 90% de la población vive en ciudades de más de 200,000 habitantes. Las áreas urbanas más grandes son la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. 

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